Ver a una persona perder el conocimiento, quedarse rígida o comenzar a temblar puede ser angustioso, sobre todo cuando no sabemos si debemos sujetarla, darle algo o llamar a emergencias. Un ataque epiléptico es una alteración repentina de la actividad eléctrica cerebral que puede provocar movimientos involuntarios, desconexión o confusión. Saber reconocerlo y actuar durante los primeros minutos ayuda a prevenir lesiones y a detectar cuándo existe una verdadera urgencia médica.
Actuar bien durante una crisis puede marcar la diferencia
- Mide el tiempo desde el inicio de la crisis.
- Protege la cabeza y aparta objetos peligrosos.
- No sujetes a la persona ni introduzcas nada en su boca.
- Colócala de lado cuando terminen las convulsiones.
- Llama al 112 si dura más de 5 minutos, es la primera crisis o hay problemas respiratorios.

Qué ocurre en el cerebro y cómo puede manifestarse
Durante una crisis epiléptica, un grupo de neuronas descarga señales eléctricas de forma anormal y desorganizada. El efecto depende de la zona cerebral implicada, por eso no todas las crisis producen temblores ni pérdida completa de conocimiento.
Algunas personas se quedan inmóviles, miran fijamente y no responden durante unos segundos. Otras realizan movimientos repetitivos, sienten un olor extraño, una sensación de déjà vu, hormigueo o alteraciones visuales. En las crisis generalizadas puede aparecer una caída, rigidez, sacudidas rítmicas, salivación o pérdida del control de esfínteres.
Una sola crisis no significa necesariamente que exista epilepsia. El diagnóstico depende de la historia clínica, la exploración neurológica y, cuando procede, pruebas como el electroencefalograma o una prueba de imagen.
Qué hacer mientras sucede
Mi primera recomendación es sencilla: mantén la calma y mira el reloj. La mayoría de las crisis termina por sí sola en pocos minutos, pero la duración orienta las decisiones posteriores.
- Evita lesiones. Retira muebles, objetos cortantes, líquidos calientes y cualquier elemento con el que pueda golpearse.
- Protege la cabeza con una prenda doblada o un cojín si está en el suelo.
- Afloja la ropa alrededor del cuello y deja espacio para que respire.
- No intentes detener los movimientos ni traslades a la persona salvo que exista un peligro inmediato.
- Cuando cesen las sacudidas, gírala suavemente de lado para facilitar la respiración y reducir el riesgo de aspirar saliva o vómito.
- Quédate a su lado hasta que recupere la orientación y pueda responder con normalidad.
Hay un error que todavía se repite mucho: introducir una cuchara, los dedos u otro objeto en la boca. No evita que la persona se trague la lengua y puede provocar heridas en los dientes, la mandíbula o la mano del cuidador. Tampoco debes darle agua, comida ni medicación por vía oral mientras esté confusa.
Cuándo hay que llamar al 112
En España, llama al 112 si la crisis dura más de 5 minutos o si empieza otra sin que la persona recupere la consciencia. Las convulsiones prolongadas pueden convertirse en un estado epiléptico, una emergencia que necesita tratamiento sanitario rápido.
- Es la primera crisis que has presenciado en esa persona.
- La respiración no se normaliza al terminar o la persona no recupera la consciencia.
- Se producen varias crisis seguidas.
- Existe una lesión importante, especialmente en la cabeza.
- La crisis ocurre en el agua, durante el embarazo o en una persona con diabetes.
- La duración es claramente más larga o diferente de lo habitual para esa persona.
Si ya tiene un diagnóstico y un plan de actuación indicado por su equipo médico, sigue esas instrucciones. La medicación de rescate solo debe administrarse cuando ha sido prescrita y el cuidador ha recibido formación específica.
Qué causas pueden estar detrás de una crisis
La epilepsia es una causa posible, pero no la única. También pueden desencadenar una crisis la fiebre alta en la infancia, una bajada importante de glucosa, alteraciones de sodio o calcio, infecciones del sistema nervioso, un traumatismo craneal, un ictus, la falta de oxígeno o determinadas sustancias y medicamentos.
En personas que ya tienen epilepsia, algunas circunstancias aumentan el riesgo de recurrencia. Olvidar dosis, dormir poco, consumir alcohol o atravesar una infección son desencadenantes frecuentes, aunque cada persona tiene un patrón distinto.
Por eso conviene anotar qué ocurrió antes, cuánto duró, cómo fueron los movimientos y cuánto tardó en recuperarse. Esa información suele ser más útil para neurología que una descripción vaga como “le dio algo”. Si es seguro hacerlo, un vídeo breve puede ayudar, pero nunca pongas en riesgo a la persona por grabar.
Cómo se estudia y qué puede aportar la rehabilitación
Después de una primera crisis, el médico valorará los antecedentes, los fármacos, el consumo de sustancias, posibles infecciones, traumatismos y síntomas previos. Puede solicitar análisis, un electroencefalograma y una resonancia o tomografía según la edad, la exploración y las circunstancias del episodio.
El tratamiento depende de la causa y del riesgo de nuevas crisis. Cuando se prescribe medicación antiepiléptica, no debe suspenderse ni modificarse por cuenta propia, aunque la persona se encuentre bien o note efectos secundarios.
La fisioterapia no sustituye el diagnóstico neurológico ni detiene una crisis, pero puede ser útil si ha habido una caída, pérdida de fuerza, dolor, lesión articular o inseguridad al caminar. También puede ayudar a recuperar movilidad y confianza de forma progresiva, con ejercicios adaptados al control médico y a la seguridad de cada paciente.
En la vida diaria, no recomiendo caer en la sobreprotección. Muchas personas con epilepsia pueden estudiar, trabajar y hacer ejercicio; lo importante es adaptar las actividades de riesgo, dormir de forma regular, respetar el tratamiento y contar con personas cercanas que sepan actuar.
La información que conviene dejar preparada
Una tarjeta o nota accesible con el diagnóstico, la medicación habitual, los contactos de emergencia y las instrucciones del plan de rescate puede ahorrar tiempo en una situación de nervios. También ayuda llevar un diario de crisis con fechas, duración, posibles desencadenantes y recuperación.
La idea más importante es esta: durante la crisis hay que proteger, medir el tiempo y acompañar; después hay que observar la respiración y saber cuándo pedir ayuda. Una actuación tranquila y bien informada suele ser mucho más útil que intentar intervenir a la fuerza.
