Cuando la rodilla duele incluso en reposo, subir escaleras se vuelve difícil y los tratamientos habituales ya no ofrecen alivio, puede plantearse una cirugía de reemplazo articular. En este artículo explico cuándo se indica una prótesis de rodilla, qué tipos existen, cómo es la intervención, cuánto suele durar la recuperación y qué papel desempeña la fisioterapia.
Lo esencial para valorar una sustitución de rodilla
- La indicación depende del dolor y la pérdida de función, no solo de la edad ni de una radiografía.
- La sustitución puede ser total o parcial, según la zona dañada y el estado de los ligamentos.
- La operación suele durar entre 1 y 2 horas, aunque el protocolo cambia según cada hospital.
- La fisioterapia comienza pronto y busca recuperar movilidad, fuerza, equilibrio y confianza al caminar.
- La recuperación inicial suele ocupar varias semanas, pero la rodilla puede seguir mejorando durante varios meses.

Cuándo se recomienda una prótesis de rodilla
La causa más frecuente es una artrosis avanzada, es decir, el desgaste del cartílago que protege los extremos de los huesos. También puede ser consecuencia de una artritis reumatoide, una lesión grave, fracturas alrededor de la articulación o una artrosis postraumática que aparece años después de un accidente.
Yo no consideraría suficiente que una radiografía muestre desgaste. La cirugía suele valorarse cuando existe dolor persistente y limitación real para caminar, dormir, trabajar, subir escaleras o levantarse de una silla, especialmente si los medicamentos, las infiltraciones, las ayudas para caminar y la fisioterapia ya no controlan los síntomas.
También pueden influir la inflamación repetida, la rigidez importante y una deformidad visible de la pierna. La decisión debe tomarse con un traumatólogo después de explorar la rodilla y revisar radiografías, antecedentes médicos, medicación y expectativas personales.
La edad no decide por sí sola
La mayoría de las intervenciones se realizan en personas de mediana edad o mayores, pero no existe una edad universal que obligue o impida operar. Una persona joven con una lesión articular grave puede necesitarla, mientras que otra de edad avanzada puede controlar sus síntomas sin cirugía.
El peso, la diabetes, el tabaquismo, el estado cardiovascular y la fuerza muscular pueden modificar el riesgo y la recuperación. No siempre obligan a cancelar la operación, pero sí conviene optimizarlos antes, porque llegar en mejores condiciones facilita el proceso posterior.
Qué tipos de reemplazo existen
La opción más conocida es la artroplastia total. En ella se sustituyen las superficies dañadas del fémur y la tibia por componentes metálicos, junto con un separador de plástico médico que permite el movimiento. En algunos casos también se trata la superficie posterior de la rótula.
Cuando el desgaste se concentra en un solo compartimento y los ligamentos funcionan bien, el cirujano puede plantear una prótesis parcial o unicompartimental. Esta alternativa conserva más tejido y suele permitir una recuperación más rápida, pero no sirve si la artrosis afecta a varias zonas o existe una deformidad importante.
| Opción | Cuándo puede plantearse | Qué conviene saber |
|---|---|---|
| Reemplazo total | Desgaste amplio, dolor intenso o deformidad | Es la alternativa más habitual cuando toda la articulación está afectada |
| Reemplazo parcial | Daño limitado a un compartimento y ligamentos estables | Puede facilitar una recuperación más rápida, pero tiene criterios más exigentes |
| Cirugía de revisión | Aflojamiento, desgaste, infección o fallo de una prótesis previa | Suele ser más compleja y requiere una planificación individualizada |
El modelo, el material y la forma de fijación no se eligen por ser los más nuevos o los más caros. Dependen de la anatomía, la calidad del hueso, la actividad física y la experiencia del equipo quirúrgico. En mi opinión, la indicación correcta pesa más que la marca del implante.
Cómo es la operación y cómo prepararse
Antes de la intervención se realiza una valoración médica con análisis, electrocardiograma y las pruebas que sean necesarias. El equipo revisa la medicación, las enfermedades previas, el estado de la piel y la presencia de infecciones dentales o urinarias que deban tratarse.
La operación suele durar entre 1 y 2 horas. Con anestesia general o raquídea, el cirujano retira el cartílago deteriorado y una pequeña cantidad de hueso, coloca los componentes artificiales y comprueba la alineación y el movimiento de la rodilla.
La estancia hospitalaria puede ser de 1 a 3 días, aunque algunos protocolos permiten el alta antes cuando la persona camina con seguridad, controla el dolor y no presenta complicaciones. La fisioterapia suele comenzar muy pronto con ejercicios circulatorios, movilización y primeros pasos con andador o muletas.
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Qué conviene organizar antes
- Preparar una zona de descanso con los objetos de uso diario al alcance.
- Retirar alfombras, cables y obstáculos que aumenten el riesgo de caída.
- Contar con ayuda para cocinar, ducharse, comprar y realizar tareas domésticas durante las primeras semanas.
- Preguntar qué medicación debe suspenderse o ajustarse, sin hacerlo por cuenta propia.
- Practicar, si el fisioterapeuta lo indica, ejercicios para fortalecer cuádriceps y glúteos antes de la cirugía.
Recuperación y fisioterapia paso a paso
La inflamación, los moratones y el dolor son habituales al principio. Eso no significa que la operación haya salido mal, pero sí que conviene respetar las pautas de descanso, elevación de la pierna, medicación y frío local indicadas por el equipo sanitario.
La recuperación no consiste en forzar la rodilla todo el día. Lo que mejor suele funcionar es una combinación de movimiento frecuente, ejercicios dosificados y descansos. El objetivo inicial es recuperar la extensión, doblar progresivamente la rodilla y activar la musculatura sin aumentar demasiado la inflamación.
| Periodo aproximado | Objetivos habituales | Precauciones |
|---|---|---|
| Primeras 2 semanas | Controlar dolor e inflamación, caminar con ayuda y mover el tobillo y la rodilla | Evitar caídas, giros bruscos y esfuerzos no pautados |
| Semanas 3 a 6 | Mejorar fuerza, equilibrio y autonomía en casa | La ayuda para caminar se retira solo cuando la marcha sea segura |
| Semanas 6 a 12 | Retomar muchas actividades cotidianas y aumentar la resistencia | El trabajo físico y la conducción requieren autorización profesional |
| Después de 3 meses | Consolidar fuerza, coordinación y confianza | La inflamación residual puede tardar más en desaparecer |
Muchas personas conducen aproximadamente a las 4-6 semanas, vuelven a trabajos poco exigentes entre las 6 y 12 semanas y recuperan buena parte de su actividad diaria alrededor de los 3 meses. Son referencias generales, no plazos garantizados: una persona con debilidad previa, diabetes o una recuperación complicada puede necesitar más tiempo.
Caminar, pedalear en bicicleta estática, nadar cuando la herida esté cerrada y hacer ejercicios de fuerza suelen encajar mejor que correr, saltar o practicar deportes con impactos repetidos. El reemplazo puede aliviar mucho el dolor, pero no convierte la rodilla en una articulación original ni elimina la necesidad de cuidarla.
Para mantener la movilidad, el fisioterapeuta puede trabajar la extensión, la flexión, la fuerza del cuádriceps, la estabilidad de la cadera y el patrón de marcha. También es útil entrenar acciones concretas como levantarse de una silla, subir escaleras o entrar y salir de un coche.
Riesgos, señales de alarma y expectativas realistas
Como cualquier cirugía, existe riesgo de infección, sangrado, trombosis, rigidez, lesión nerviosa o vascular y dolor persistente. Las complicaciones graves son poco frecuentes, pero una infección profunda puede requerir antibióticos prolongados o una nueva intervención. La AAOS sitúa las infecciones articulares graves en menos del 2 % de los casos, aunque el riesgo individual cambia según la salud de cada persona.
Hay que contactar con el equipo médico si aparece fiebre, secreción de la herida, enrojecimiento que aumenta, dolor que empeora de forma brusca o incapacidad repentina para apoyar. Una pantorrilla muy hinchada y dolorosa, falta de aire o dolor en el pecho requieren atención urgente.
Otro error frecuente es esperar una recuperación lineal. Puede haber días mejores y peores, y la inflamación puede persistir durante meses. El NHS indica que la recuperación completa puede tardar varios meses y que algunas personas mantienen cierta hinchazón hasta un año.
La mayoría de las personas consigue caminar mejor y realizar actividades cotidianas con menos dolor, pero el resultado depende de la musculatura, la movilidad previa, el estado general y la constancia en la rehabilitación. Yo recomendaría medir el progreso por funciones concretas, como caminar diez minutos o subir un tramo de escaleras, en lugar de compararse con otra persona.
La decisión que más protege la recuperación
Una prótesis puede ser una solución muy eficaz cuando el daño articular limita la vida diaria y las alternativas conservadoras ya no bastan. Aun así, no debería decidirse solo por una imagen, por la edad o por la promesa de volver rápidamente a cualquier deporte.
La mejor preparación combina una valoración traumatológica completa, expectativas realistas y un plan de fisioterapia adaptado. Si el dolor de rodilla es intenso o ha cambiado recientemente, conviene solicitar una evaluación profesional antes de elegir un tratamiento, porque la cirugía no es la única respuesta para todo dolor.
